Este es el último artículo en la serie de cuatro hablando de cómo ha sido mi vida a partir de mi vulvoplastia. Esta entrada la escribo desde otro punto de vista aunque siempre técnico, explorando partes de mi mente después de 6 años de vivir con mi decisión. Así como los primeros tres artículos este también es íntimo.
Debí haber hecho la cirugía antes.
Si y no.
Cuando tuve mi cirugía fue el momento justo. De haber sido antes hubiera sido prematura y después hubiera resultado en un problema logístico y con una espera muy larga. Hasta ahora la vulvoplastia ha sido mi última cirugía y para la que más deliberé. Mi proceso de decisión para concluir que la cirugía era lo apropiado siempre ha sido causa de orgullo. Solo para dar una idea de los tiempos, creo que no consideré la opción de la cirugía sino hasta dos o tres años de que yo ya estaba de tiempo completo.
Primero me analicé críticamente para tratar de entender porque me causaba curiosidad este siguiente paso. Aunque la decisión en sí fue rápida, reunir los elementos para tomar la determinación fue un proyecto de varios años. Para determinar mi candidatura para la operación tuve que pasar por un proceso formal de evaluación. En mi caso primero pasé por esa valoración oficial antes de tomar la decisión. Opté por utilizar esa evaluación como parte de mi indagación y recopilación de información. El resultado positivo de la evaluación me ayudó a ratificar que la cirugía era buena opción para mi y que ese era el momento apropiado. Hasta donde tengo entendido, la mayoría de la gente primero decide someterse a la operación y luego comienza su proceso de investigación y evaluación.
Mi vulvoplastia fue en noviembre del 2019 y el mundo paró en marzo del 2020 gracias al COVID-19. Con esto no hay mucho que explicar porqué esperar hubiera sido por lo menos un dolor de cabeza logístico.
Fue el momento apropiado.
Si, claro, siempre hay el “hubiera hecho esto antes” pero no fue el caso. Me hubiera llamado la atención el haber tenido estas experiencias a una menor edad con un cuerpo más mozo. Pero la forma en la que lo veo es que para eso hubiera tendido que transicionar antes y eso no sucedió. No solo yo no estaba en la disposición sino que ni había considerado la transición antes del verano del 2015. Verdaderamente agradezco haber llegado a una edad adulta con cierta madurez antes de hacer todo esto. Desde luego que me hubiera gustado tener la lozanía de la juventud, pero tengo la seguridad de que las experiencias de vida que tengo valen más.
Si hubiera esperado más, hubiera sido exactamente eso, una espera. Normalmente, una vez que me siento a gusto con una decisión prefiero afanarme para sacarla adelante en lugar de rumiar la idea indefinidamente. Si no lo hiciera así me empiezan las dudas y mi cabecita empieza a dar vueltas.
Otro factor que ya mencioné es la edad. Con cada día que pasa las probabilidades se cargan en contra de cualquier recuperación y de que algo salga mal.
La cirugía no me curó.
La decisión de una reconstrucción genital no es o no debería ser algo simple. Sin importar las circunstancias ni las ambiciones de la persona yo creo que todos aspiramos a tener una mejor calidad de vida. Defínase como sea, cada quien tiene su propia idea de cómo llegar a saciar ese objetivo. Como he mencionado a lo largo estos artículos, mi objetivo principal era alinear mi cuerpo con el resto de mi expresión de género y mi presentación.
¿Entonces, después de 6 años la cirugía me acercó a satisfacer mi objetivo? La respuesta sencilla es si, si lo hizo. Pero si hay una respuesta sencilla entonces también debe haber otra compleja. Este es uno de esos ejemplos donde mi estado de ánimo o actitud se encizaña para formar una respuesta complicada a la pregunta. En la mayor parte del tiempo verdaderamente me gusta lo que veo en el espejo y cómo me siento conmigo y con mi decisión. También estoy a gusto con cualquiera de las dificultades que describí en los artículos anteriores. Pero de todos modos hay días o hasta momentos en los que lo que veo en el reflejo o cómo me siento con mis genitales no es precisamente galardonador.
Hablo de mi estado de ánimo o actitud ya que es lo que siento que más afecta mi perspectiva. No es solo es sobre esta cirugía sino todo en general. Hay veces en que mi ánimo solo se enfoca en algo que no me agrada de mi transición aunque sea algo minúsculo.
De hecho no me cambió.
Abordo esto porque esta operación, cualquier operación, hasta toda mi transición, nada de esto ha cambiado mi naturaleza. Mi esencia sigue siendo la misma; con mis trabas de siempre, mis virtudes, vicios, gustos y disgustos. Vaya que si he crecido como persona, como todo el el mundo, probablemente a un ritmo más acelerado o en una dirección diferente, pero sigo siendo yo. Si hubiera sufrido de disforia muy probablemente todavía la padecería especialmente cuando mi psique se subleva y se aferra en algo que no me gusta.
Ahora ya me acostumbré a la insólita combinación que es mi cuerpo y mi ser. Hay veces que veo mi crianza masculina y pienso “vaya pues, esto no” y otras veces veo lo que siempre había querido y me digo “si, lo lograste”. Lo bueno es que esto último es lo más frecuente.

Eres un hombre mutilado.
De verdad que deliberé el agregar esta sección o no pero decidí hacerlo. Después de todo, si lo pensé tanto pues ha de valer la pena. Comúnmente evito este tipo de asuntos porque se me hacen una perdida de mi tiempo. Estos temas los relaciono con politiquería. Si tu o alguien piensa que soy un hombre mutilado sé que no voy a cambiar tu o su modo de pensar, pero de todos maneras tengo un par de cosa que decir al respecto.
Yo creo que cada quien tiene derecho a su propia opinión y si esa es la tuya, está bien. Después de todo yo sé LO QUE SOY y de la misma manera tu no vas a cambiar mi opinión de QUIÉN SOY YO. Hasta la poca gente que optó cortar relaciones conmigo tuvo la gentileza de dejarme ser. Así que déjame ser.
En mi opinion muy personal los hombres circuncisos soy hombres mutilados. Desde esa tesitura tal vez y seamos parte de la misma comunidad de personas mutiladas.
La índole de lo que hice.
Si después de leer este artículo y todo este blog tu crees que hice algo perjudicial, de plano no captaste el concepto. Todo al rededor de mi transición ha sido un modo que escogí para enriquecer mi vida. Una transición puede salvar una vida independientemente de la edad o las decisiones del individuo. Nadie tiene el derecho de impedir que yo o que nadie más trate de alcanzar su propia felicidad. Alguien me compartió una analogía que se me hizo muy apropiada: “no ajustes mi termostato”.
Describí con anterioridad como el desamarre y la seguridad son dos de los factores que más pesaron en mi decisión. Si a la gente no le importara lo que hago con mi vida, esas variables no hubieran tenido un perfil tan prominente en mi deliberación, sobretodo la seguridad. Menos mal que la mayoría de la gente que he conocido no les importa ni mis decisiones ni mis antecedentes.
En conclusión.
Después de la cirugía me tomó algo de tiempo familiarizarme con la nueva anatomía. Para adaptarme han sido varios años. Todavía a la fecha sigo aprendiendo cosas nuevas y de vez en vez encuentro algo que me sorprende. Parece broma pero las pocas veces que me sucede algo nuevo es cuando estoy de prisa o hago algo por costumbre. En realidad nada de eso es importante y conforme pasa el tiempo olvido más y más cómo era antes. La vida diaria es ahora ordinaria y convencional. (Estoy evitando a propósito la palabra “normal” porque nadie es “normal” y aparte de qué aburrido serlo.)
También sé que cuando lo negativo secuestra mi juicio será algo pasajero al no atizarlo con mi atención.
En la mayoría de los días mi mente se enfoca en los cambios que me han acercado a mis objetivos. La fotografía que incluyo arriba es un ejemplo de lo que me gusta ver en el reflejo del espejo. Esto es lo que veo casi siempre. Pero hay otros días o momentos en que mi mente está en una frecuencia negativa y no veo lo que deseo ver. De todas maneras he aprendido a vivir con ésta dicotomía. Aunque no me agrada cuando pongo atención a lo negativo siento satisfacción y hasta orgullo de este tipo de dualidad que es mi cuerpo y todo mi ser. También sé que cuando lo negativo secuestra mi juicio será algo pasajero al no atizarlo con mi atención.
Como parte de ésta serie de artículos he mencionado la libertad y seguridad que viene de simplemente ser. Esta es una de las prerrogativas más grandes y algo estupendo porque es parte de lo que yo buscaba. El espíritu humano es recio.
Después de indagar diligentemente opté por la vulvoplastia en lugar de la vaginoplastia solo por la forma en la que me identifico y mis intereses. Cualquier compromiso que devenga de esta decisión me ha valido la pena.
Como siempre digo, estas son mis experiencias y mis puntos de vista. Cada quien tiene sus propias circunstancias, las reconozco y respeto. Yo no voy a ir a ajustarle el termostato a nadie.
Día a día vivo con las consecuencias de mi decisión de aquel 2019 y mi vida se siente bastante ordinaria; cosa que está perfecta.
Continua leyendo mi serie sobre Vida después de la vulvoplastia
- Vida después de la vulvoplastia I – Introducción pragmática
- Vida después de la vulvoplastia II – Desamarre y aspecto físico
- Vida después de la vulvoplastia III – Hedonismo
- Vida después de la vulvoplastia IV – El espíritu humano
One thought on “Vida después de la vulvoplastia IV – El espíritu humano”
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